jueves, 20 de mayo de 2010

Polanski, Polanski!

Probablemente una de las causas por las cuales Roman Polanski atrae tanto a mi retina es que películas como El cuchillo en el agua, Cul de Sac, El baile de los vampiros, El pianista, entre otras, son extremadamente diferentes entre sí y uno puede verlas más de una vez, y siempre encuentra nuevos elementos que las convierten en algo más atractivo todavía, y no en un producto estático que nos satisface una vez ya visto. Sin embargo, esto último me pasó con “El escritor oculto”, su última película, basada en la novela “El poder de la sombra” de Robert Harris.

Nos encontramos frente a un escritor (Ewan McGregor) contratado para escribir la biografía de Adam Lang (Pierce Brosman) ex primer ministro británico, quien se irá envolviendo en mentiras, engaños e incógnitas mientras el político es juzgado por crímenes de guerra.

El relato arranca como con empuje exterior, forzado, y va tomando un poco de fuerza durante el transcurso de la película, pero casi no hay sobresaltos, lo que lo convierte en algo lineal, y por momentos pesada. Casi al final de la película, parece que toda esa energía se descarga de pronto, como si alguien haya apretado un botón de play y la película recién empezase. De todas maneras, Polanski quiere generar esto, un ritmo diferente al establecido, crear sus propios tiempos.
El ambiente en el cual nos sumergimos es frío, lejano, misterioso, (desde la casa –oficina al estilo Mies van der Rohe aislada en una isla, hasta la secretaria calculadora) acompañado con la música selectivamente escogida, creando así todo lo necesario para una película de constante suspenso.

El peligro atenta constantemente con la vida del escritor y esta tensión lograda choca con la manera de contarla, con todos los recorridos que nos hace ver Polanski durante la película, cada detalle, lugar, persona, es todo quizás muy servido. Y cuando nos distraemos con obviedades o cosas intrascendentes que restan, no logramos compenetrarnos en la película, acto que convierte al cine en único: su poder de trasladación.

Cita de Polanski en una entrevista en 1992: “El cine es como una radiografía, vemos el alma del director y no hace falta que él se explique, que se excuse, que dé coatadas: enseguida uno se imagina qué tipo de persona es. Cuando es un idiota, aunque intente disfrazar su estupidez, no lo logrará. También se ve si es sensible, inteligente, gracioso. Esto es lo que hace al cine tan interesante”.



Por Lala Perez

viernes, 14 de mayo de 2010

Cine de alto riesgo

Llevamos mitad de película y monedas y todavía no pude tomar aire,Carancho me ahoga, juega apretando donde tiene que apretar, regula los ritmos en una respiración al limite de lo soportable,hay placer y hay dolor, no hay concesiones ni juegos de malos y buenos. Es el entorno y la realidad asfixiando a los personajes, y ellos actúan con una oscura naturalidad que nos pone nerviosos,es el hueso expuesto, una violencia de lo cotidiano que en el día a día elegimos no ver,como un mecanismo de defensa, que se traducen a la butaca de una manera física. La pantalla nos fuerza .La nausea nos acompaña.

Las locaciones suburbanas le dan el marco y el tono a la película, esta muy bien narrada, no hay diálogos que sobran ni desvíos innecesarios, no hay definiciones, la historia se encuentra sugerida, y si bien quedan cosas sin cerrar no nos hace ruido,los elementos se encuentran al servicio de lo que se quiere contar.

Las actuaciones son un punto aparte, !que bien le quedan a Darin los papeles del busca argentino!,siempre al borde,tapando huecos como puede, en esta ocasión le da vida un abogado intentando redimirse.Ya no queda nada del simpático Darin.La actuación femenina es errante, hay momentos en que simplemente no le creo.

Trapero hace rato es autor, y muestra su obra mas acabada hasta la fecha, se embarca en mostrar la realidad argentina sin querer educarnos, sin bajar linea,pero tampoco otorga tranquilidad, realiza un fresco de la buenos aires oscura, y de la oscuridad de las profesiones "respetables", abogados y médicos corruptos, todo esta podrido, y dos cuerpos en el medio intentando quererse.



Por Martin Valotta