viernes, 30 de abril de 2010

Ver, Escuchar, Leer Bafici

Entre la multitud de películas por ver, me escapo a la mesa de dialogo que reunió a los principales exponentes de la nueva literatura y el (una vez mas) nuevo cine argentino.

Desconcierto, malentendidos, sorpresa, desorden; Todos los sentimientos mezclados en la duodécima edición del Bafici, con una propuesta que se encuentra y se abre al grado más alto de popularidad en su historia. En el ambiente se percibe un clima adrenalinico cercano al de “recital de rock”, largas colas, esperas prolongadas, donde uno se encuentra con algo que no había ido a ver, la pantalla cobra entidad, esto convierte a cada película en una performance, una incertidumbre que hace al espectador un ser activo: es interrogador, (muchas veces, al termino de las funciones están los directores para hacerles preguntas), es juez ( en las competencias el espectador pone un puntaje), y es verdugo (ocurre muchas veces el caso de gente que se va de la sala apenas pasados 10 minutos), en el Bafici la pantalla exige algo, hay que dar de si, un esfuerzo sobre lo que estamos viendo, hay un movimiento en la butaca.
Pero me alejo para ir en busca de la palabra de los cineastas que se inspiran en las letras; con esa necesidad que tiene el Bafici de proponer la nueva gran cosa todos los años(el año pasado fue el teatro), pero entro en el juego, asumo la intención.
Parten de mundos ajenos para construir el propio, se apropian de esa experiencia común que evoca cada obra en ellos, subrayan detalles haciéndolos descomunales, alteran elementos centrales que constituían las vértebras del relato, un cruce de vocabularios que cercena y expande en diferentes sentidos, y de diferente manera en cada caso.Estamos hablando de tres películas que participan en la competencia oficial y que parten de alguna manera desde la literatura; “Ocio” con dirección compartida Lingenti-Villegas hacen una lectura silenciosa de la novela homónima de Fabián Casas; “Cinco” que adaptan cinco cuentos de cinco autores por cinco directores donde el eje de simetría entre los cortos es el erotismo; e Invernadero(ganadora de la competenciaoficial), una meta-película de Gonzalo Castro que no parte de un texto, sino del escritor-personaje, una suerte de documental ficcionado sobre el escritor Bellatin, que en si mismo, como escritor, juega y explota los limites de lo real.
Tres formas de articular lenguajes, tres maneras distintas de resolver problemáticas relacionadas con la economía de las palabras y la imagen.



Por Martin Valotta

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